domingo, 7 de marzo de 2010

Una victoria con sabor a derrota

Es verdad que en este blog latinoamericanista deberíamos brindar por el Oscar que se llevó El Secreto de sus ojos como mejor película en idioma extranjero. Es verdad que también podríamos brindar porque de 5 nominadas, dos eran de esta región del mundo y que, pareciera que de a poco el imperio va reconociendo los trabajos de esta parte del planeta muchas veces olvidada, pero pese a la alegría no todo puede ser un triunfo completo.

Nada invalida la felicidad que me genera este premio por el director, por los actores, por el escritor de la novela en la que se basó el film (Sacheri) a quien respeto muchísimo, pero el contexto en el cual Avatar perdió en todas las nominaciones frente a The Hurt Locker, creo que el imperialismo siguió mostrando su faceta de hegemonía cultural o del poder que su propio aparato ideológico transmite al mundo.

Parece una pavada estar hablando de esto y más cuando realmente no vi la película The Hurt Locker (y que creo tampoco me interesa), pero aunque sea complicado de divisar, para mí esta elección que hizo la Academia tiene un contenido político. ¿Cuál?

A pesar del aparente realismo que tiene una y la aparente imaginación o ficción que tiene la otra, ambas cuentan experiencias, sensaciones y pasiones que le ocurren a militares norteamericanos durante una guerra, pero con un perfil totalmente distinto. La película que efectivamente se llevó todos los premios cuenta la historia realista de un batallón estadounidense que sufre las peripecias de la “guerra” en Irak. Según cuentan las sinopsis de la misma, la idea es mostrar el heroísmo de un grupo de milicos que se encarga de desactivar bombas y logran que los espectadores nos conmovamos con el sacrificio que dichos soldados realizan por la patria, por la bandera o vaya a saber uno por qué.

En cambio Avatar tiene otra mirada del mismo ejército. Si bien lo cuenta de una manera mucho más espectacular o ficticia (incluso futurista), la visión sobre el ejército es de un grupo de malvados invasores que tratando de defender intereses económicos privados, e incluso tratando de efectivizar el “progreso” científico, intentarán desmantelar una civilización, desarmarla, destruir su hábitat, su forma de vida, su cultura, su tradición, etc. Por supuesto que no podemos saber si dicha historia quiere hacer referencia puntual a las invasiones en Irak o Afganistán, pero sí queda clarísimo en el film cual es el verdadero rol del imperialismo, cual es la verdadera tarea, cual es el objetivo final.

En síntesis, ambos filmes se esfuerzan en mostrar un debate político presente tanto en la sociedad yanqui como en el resto del mundo, pero el destino de las estatuillas (todas hacia The Hurt Locker) termina de confirmar cuál de estas posiciones es la hegemónica, cuál es la que se defiende mayoritariamente en el mercado cinematográfico y obviamente también formaliza la opinión generalizada de la Academia que prefiere ver una película que defina al imperialismo como una tarea heroica y no una que los avergüence por las barbaridades y atrocidades que cometen a diario.

Muchos podrán decirme que ganó la película independiente frente al gran imperio comercial, que ganó una historia sin presupuesto contra una que necesitaba de una millonada de dólares, podrán decirme que el cine “jolibudense” no intentará jamás contar una historia revolucionaria o que prenda alguna mecha de rebelión en los pueblos. Probablemente tengan razón, pero este debate no quiere interceder en lo que los autores quisieron contar, sino en lo que el público masivo puede llegar a recibir.

Quienes estudiamos las ciencias sociales sabemos que dentro de cualquier discurso, cualquier mensaje se necesita un emisor y un receptor que también juega, crea, imagina, piensa y reacciona frente al mensaje. Por lo cual, siempre es más valioso una película con mensaje crítico frente al imperialismo que una que con su mensaje apañe lo peor que ha mostrado la humanidad.

Incluso si hilamos más fino, podemos quedarnos con las palabras de la directora de la película ganadora quien dedicó su trabajo a los uniformados que entregan su vida por la defensa de algo, ella no lo llamo invasión, ni los criticó, ni buscó responsabilidades en dicha tarea sino que los elogió por hacer lo que hacen. No creo que haya sido casual su mensaje ya que teniendo tan poco tiempo para expresarse arriba del escenario, sus palabras fueron muy pensadas y de seguro no fueron arbitrarias.

En fin, si alguien está pensando que no le pidamos peras al olmo, ese sí tendría razón. Yo tuve la esperanza (o la ingenuidad, llámenlo como quieran) de que se premie la crítica a una sociedad, de que se premie una historia polémica, de que se rompa con ciertos moldes tradicionales, pero ilusionarme es culpa mía y esperar de los Oscar un mensaje de paz, un mensaje de respeto a los pueblos, de acabar con la barbarie imperial, era más ficticia y más imposible que la existencia real de los navies.

Tal vez, la ilusión se haya mezclado con la premiación a la película extranjera ya que si escarbamos en el mensaje de Campanella (que originalmente es de Sacheri) podemos encontrar cierta crítica al poder, cierto dolor frente a las injusticias y cierta búsqueda de la verdad y la equidad. Además, esta fue la segunda película argentina premiada con este galardón, alcanzando lo que alguna vez llegó a obtener La Historia Oficial, un emblema de la cultura cinematográfica dedicada a la lucha popular en Argentina.

Por eso, pese a la decepción que me generó ver que la Academia sigue siendo la Academia o que Avatar no haya podido conformar al imperio del cine con su crítica al imperio, creo que esta es una noche para celebrar. Argentina y Latinoamerica se llevaron otro Oscar bien merecido y Campanella logró poner al cine del tercer mundo, una vez más, en el ojo de las potencias centrales.

A COMERLAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!

1 comentario:

  1. Hola Cherno.
    Saludo la iniciativa y brindo porque continúe. Te agrego entre las páginas amigas.
    Estamos en contacto.
    Hasta la Victoria.

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