lunes, 1 de marzo de 2010

Editorial. Puntapié inicial de la Creación Heroica

Nuestra América ha sido vista y estudiada siempre desde cosmovisiones diferentes. Desde su falso descubrimiento, o más bien, su aparición en la escena internacional, hace más o menos 500 años el estudio de estas tierras, su geografía, su historia y su sociedad ha sido leída de diversas maneras proveniendo de diferentes corrientes ideológicas.

Dentro de la cosmovisión internacional dominante, los países de América Latina y el Caribe no son más que un “patio trasero” de las grandes potencias mundiales. Un lugar lleno de recursos naturales abiertos a la explotación indiscriminada para el crecimiento y el desarrollo de aquellos aventureros que osan asomarse por estos pagos para enriquecer sus bolsillos y de sus patrones. Desde siglos atrás, su población ha sido ninguneada y olvidada por quienes, en pos de la ciencia, la economía y el desarrollo humano han explotado hasta el día de la fecha (lo siguen haciendo) todo recurso posible (incluso sus habitantes).

Desde esta posición, no hay lugar para el desarrollo de cultura, tradición y sociedades autóctonas o nativas ya que todo territorio, desde Tijuana a Las Malvinas y la Antártida, es proclive de explotación privada por corporaciones multinacionales y Estados extranjeros que en la mayoría de los casos cuentan con la colaboración de una pequeña porción de latinoamericanos que están dispuestos a todo con tal de acrecentar su poderío personal. Para ello, estos aliados locales se han apropiado de los poderes políticos locales, han creado los Estados de arriba hacia abajo, creando barreras y límites superfluos para la consolidación de sus propios objetivos.

Por otro lado, muchos aceptan que el subdesarrollo tecnológico, económico y social de Nuestro continente se ve afectado por esos grupos locales que terminan siendo secuaces de las grandes potencias. En esta posición parecen encontrar caminos para desarrollarse en conjunto y de manera independiente a los países centrales que nos dominan, pero no discuten al sistema opresor por excelencia, el capitalismo, el individualismo y el progreso personal y económico. Estos grupos nacionalistas muchas veces son acompañados por sectores populares o clases medias que creen que independizándose de las potencias habrá posibilidades de crecimiento individual y ascenso social. Lo que no entienden es que mientras haya un sistema global capitalista, podrá haber una puja entre diversos intereses capitalistas y coyunturalmente buscarán el apoyo de las masas pero nunca tendrán como meta el poder popular, la libertad de los oprimidos y un sistema más equitativo para las sociedades a quienes supuestamente representan.

Finalmente, un tercer grupo reconoce que la solución latinoamericana no es solamente tomar distancia e independencia de las decisiones de otras naciones, sino también una revolución social que le devuelva el poder al campo popular. Allí la discusión se torna entre quienes buscan el desarrollo a través de imitaciones y copias de fórmulas anticapitalistas en otros rincones del planeta, o bien un desarrollo económico y social totalmente original y creativo teniendo en cuenta las particularidades de nuestra población y nuestras riquezas naturales. La creación heroica de nuestro pueblo que defendía Mariátegui no desconoce las teorías e ideologías que acompañaron la lucha popular en la historia de la humanidad, sino más bien le exige a las mismas una lectura subjetivada, una comprensión de los mismos que incluya las particularidades de cada sociedad y que interactúe con la realidad histórica y contemporánea de cada pueblo, de cada cultura, de cada nación y de cada sujeto. Incluso fue el Amauta quien reconoció que “el dogma no es un itinerario sino una brújula que guía el camino”.

Esta cosmovisión de la que formo parte, ha quedado resagada tanto por las visiones hegemónicas de poder capitalista, como de visiones críticas que preferían buscar soluciones repitiendo “programas revolucionarios”, copiando ideas y tratando de incorporarlas a un pueblo latinoamericano que nunca pudo tomarlas como propias. Mientras el campo popular no se haga cargo de estos discursos, el programa revolucionario estático no hará más que alimentar el status quo del poder reinante. En otras palabras, como decía Foucault, en todo poder se reconoce también una resistencia que Holloway llamó antipoder. Este nunca intentaría arrebatar el poder porque perdería el sentido de su existencia como resistencia. Es por eso que el irlandés radicado en México y profesor en la Universidad de Puebla reconoce que el cambio social necesita de algo más allá del poder.

Siempre han existido grupos y movimientos que lucharon con pretensiones de poder contra esta situación pero la construcción hegemónica “desde arriba” ha impedido siempre el desarrollo de poder popular y de base. Desde la creación de Estados y fronteras a la fuerza, la implementación de partidos políticos liberales que se disputaban el poder siempre por intereses propios, hasta la persecución y matanzas de quienes se rebelasen al sistema, todo ha sido un gran aparato de perfecto funcionamiento que aisló a las sociedades, las sumió en la pobreza y las alienó por necesidades personales no resueltas imposiblitándolas de reunirse, organizarse y discutir el poder reinante. Además los aparatos ideológicos como los ejércitos, la religión y la educación siempre estuvieron presentes en la formación de personalidades y, a pesar de tener siempre rinconcitos atrincherados de espíritus críticos refugiados en su interior, todas estas estructuras fueron ayudando y consolidando la opresión.

Pero la segunda mitad del siglo XX (enbanderada en la revolución cubana) y en especial estos años de siglo XXI nos abrieron símbolos de esperanza, nos mostraron huecos por donde resquebrajar esos aparatos “perfectos”, se formaron grietas para la aparición desde las sombras de una idea propiamente latinoamericana y revolucionaria que habrá que seguir sosteniendo con la lucha popular.

Pero ese camino necesitará también de líderes y construcción de discursos que combatan la hegemonía reinante. Para ello, Internet (una herramienta del sistema) puede ser totalmente útil para el objetivo de difundir y contrarrestar el discurso dominante. A partir de su gratuidad, su fácil acceso y su independencia a la hora de opinar, un blog es una carta fuerte que debe ser utilizada por el campo popular.

En definitiva, este es un espacio creado por y para el campo popular, para que sus ideas se difundan y para quienes quieran acompañar el camino opinando sobre los posts, haciendo comentarios que hagan crecer el debate, difundiendo las publicaciones y por qué no enviando nuevas construcciones y líneas de debate.

Desde ya este blog está abierto a quienes quieran participar, desde el lado que sea y no deja de ser apenas un grano más para la lucha revolucionaria por la dignidad y la libertad de Latinoamerica, no será más que un clavo en el zapato del imperialismo pero que con su masificación y difusión puede ser una de esas astillas difíciles de sacar.

Definitivamente no nos han derrotado porque hoy seguimos luchando con la fuerza de los oprimidos!!!!!

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