miércoles, 24 de marzo de 2010

No ganamos ni aprendimos nada, pero ¡No nos han derrotado!

Hoy se cumplen 34 años de aquel fatídico 24 de marzo de 1976. Tremenda mancha si las hay en nuestra historia argentina y por qué no, en nuestra historia latinoamericana. El golpe se puede enmarcar dentro de la Operación Cóndor que ya estaba en funcionamiento en toda la región del Cono Sur. A través de un acuerdo entre la CIA y los gobiernos dictatoriales de, Paraguay (1954), Brasil (1964), Bolivia (1971), Chile (1973), Uruguay (1973) y Argentina (1976), se persiguió, detuvo, torturó y desapareció a quien no pensara como “debía pensar”.

Este trabajo planificado y orquestado desde el imperio del Norte era parte de una política internacional de enfrentamiento yanqui a las ideas comunistas y socialistas que luchaban contra la opresión y por la dignidad y la libertad de los pueblos. Como la Guerra Fría estaba en su mayor auge y ambos bloques se habían repartido el mundo, Latinoamérica tenía que quedar en manos de la influencia norteamericana, pero la Revolución Cubana de 1959 había sido la yaga de Washington y la llama que alimentaba las luchas revolucionarias de los demás países del continente. Por lo cual era muy importante una construcción hegemónica y represiva que no permita la difusión y ampliación de los sectores populares en lucha.

Durante todo el final de la década del 70 y también principios de los 80 (en algunos casos hasta el final de la década) las dictaduras latinoamericanas se unieron en pos de la persecución y la desaparición de compañeros y compañeras más allá de sus nacionalidades, se dedicaron a torturar y asesinar a miles de hombres y mujeres que lo único que proponían era otra forma de pensar, otra concepción ideológica que no era la occidental y cristiana, que no era la “derecha y humana”.

Ahora bien, una vez terminada esa tormenta, los vientos no parecían traer aires renovados, aires de curación. La política latinoamericana, durante fines de los 80 y especialmente durante toda la década del 90 nos dio la certeza de que a pesar de haber recuperado la democracia, las sociedades no habíamos aprendido nada. Estábamos perdonando a los criminales, perdonando a los asesinos, indultando a los responsables de las masacres más grandes que nuestro continente había vivido, pero además, estábamos votando y eligiendo a los mismos que habían apoyado el golpe del 76.

Es que ya en democracia no sólo teníamos que soportar las leyes de Obediencia Debida, de Punto Final y el famoso indulto menemista, también teníamos que soportar los ajustes, las inflaciones, las privatizaciones, el desempleo, la indigencia y la desigualdad total no sólo económica sino también una desigualdad política, cultural, educacional y social. En fin, una desigualdad absoluta que comenzó en dictadura y continuó en falsas democracias que decían representar a los pueblos.

Con el Argentinazo, muchos soñamos ver un pueblo que aprendía, que se despertaba porque no quería ser más oprimido, quería ser libre. Teníamos otros reflejos, otros espejos y ya dejábamos de ver a EUA y Europa como proyecto a imitar. El Caracazo y el Socialismo del siglo XXI que comenzaban a expresarse esperaban una compañía fiel desde los pagos más australes, pero para eso los caribeños tenían que esperar. (A que llegaran Morales y Correa)

Es verdad que se acababa el neoliberalismo en algunos gobiernos, que venían tiempos de Estados más presentes y de medidas más inclusivas, que intentarían combatir esas desigualdades, recuperar los recursos naturales, el gas, el petróleo, el agua y por qué no, también las dignidades de los pueblos que se mantuvieron oprimidos por tanto tiempo (incluso algunos por más de 500 años, como el caso de Bolivia), pero algunas deudas todavía seguimos teniendo en el continente, deudas impagables que algunos gobiernos se animaron a enfrentar y otros más tibios prefieren pagar por miedo al default.

Muchos dirán que el debate actual en Argentina sobre el pago de la deuda externa poco tiene que ver con este 24 de marzo, que este gobierno se puso al hombro los juicios a los militares y que no está dejando que la historia nos haya vencido. Pero este gobierno es también el que quiere pagar una deuda que contrajeron aquellos milicos, que quiere legitimar una plata sucia en la que no se puede distinguir quienes son los deudores y quienes los acreedores ya que son las mismas personas (aunque nos quieran hacer creer que no). Además de ser juzgados, los DDHH le reclamamos que se hagan cargo de sus deudas para que no la pague el pueblo!!!

Más allá de mi opinión personal con respecto a la deuda y con respecto al gobierno, entiendo que los caídos son compañeros y compañeras argentinas de todos los sectores populares, de todos los sectores sociales y de todas las ideologías que no acordaban con aquel proceso, por lo cual el acto debería poder representar todas esas expresiones. Sin embargo, “el acto” ya no es uno sino que son por lo menos dos: el oficialista y el opositor.

¿Por qué motivo no podemos marchar juntos, cada uno con sus banderas políticas, con sus mensajes, con sus consignas? ¿Qué es lo que nos impide coincidir en algo sin tener que coincidir en todo? ¿Cuál es la razón por la cual diferentes sectores se disputan una plaza que le corresponde a todos los que siempre han luchado? ¿Desde cuándo un acto del que participa Florencia Peña representa a todos los que luchamos por los Derechos Humanos? ¿Desde cuándo, las únicas víctimas del genocidio militar son las madres, las abuelas y los hijos como dijo Orlando Barone? ¿Desde cuándo vamos a la plaza de Mayo a cantar en pos de un programa de televisión?

Todas estas preguntas y otras me surgieron en los pocos minutos que estuve en la plaza, porque obvio, la plaza no era de los que no nos conforma este gobierno y su apropiación de la lucha por los Derechos Humanos, no era para los que queríamos reclamar por el pago de la deuda, por Julio López, por Luciano Arruga, por Andalgalá, por la judicialización de la protesta social y por otros motivos de los que el gobierno no habla. Por eso, estuve poco tiempo, porque mientras el gobierno se apropiaba de la plaza y del único discurso “de izquierda” posible, quienes no somos oficialistas tuvimos que marchar, llegar e irnos por donde vinimos, para devolverle la plaza a los únicos con derecho al reclamo, a la recordación, con los únicos dueños de los DDHH.

Me fui pensando por qué no podemos hacer un único acto, sin oradores, sin gobierno, sin conflictos, sin que eso implique dejar de lado los mensajes políticos, las banderas, el color. Que cada uno lleve lo suyo sin criticar al de al lado, respetándose en la diversidad, entendiendo que en la lucha contra la dictadura el espectro político es amplio y tenemos que entendernos para no ser derrotados.

Yo marché con mi grupo de pertenencia, pero alrededor probablemente tenía grupos con quienes comparto muy pocas cosas cotidianamente, sin embargo en un marco de respeto todos caminábamos por los que no están, por los luchadores que fuimos a honrar, hasta que llegamos a una plaza colmada, ya ocupada por otros grupos, otras personas que nos faltaron el respeto, nos trataron de gorilas, nos negaron la posibilidad de estar en la plaza o nos invitaron a quedarnos siempre y cuando gritemos todos juntos por 6, 7, 8.

No voy a dudar de la legitimidad de su reclamo para estar ahí, de sus razones para ocupar la plaza, pero nosotros teníamos las nuestras, teníamos que estar ahí como estuvimos siempre y queríamos estar aunque a nadie le importe. Incluso el canal oficial que se jacta de mostrar lo que los monopolios no, tampoco ellos le dieron importancia a una convocatoria del espacio Memoria, Verdad y Justicia que tuvo que quedarse fuera de la plaza por no compartir las consignas K.

El enojo no me calma, la bronca no cesa… Es que ver un campo popular dividido me hace pensar en derrota, en injusticia y en opresión. Barone sigue diciendo que los argentinos no quieren los DDHH, pero ¿Qué se piensa Barone, que los DDHH son solamente los que defiende la Presidenta? ¿Cómo puede un periodista que se cree progresista no reconocer la lucha de la izquierda, de grupos que siempre estuvieron defendiendo los DDHH hasta en las peores condiciones? Dice que no se apropian de la plaza, pero no solamente hacen eso, sino que también se apropian de la lucha por los DDHH y eso es tremendo, es grave, es absolutamente preocupante.

Ojalá el 24 que viene este escribiendo algo más esperanzador, quisiera desear por una Argentina distinta, pero la realidad muestra un horizonte con nubarrones mucho más negros que los actuales. Si bien a este gobierno le falta mucho por andar en el camino de los DDHH, ya se oyen voces de pacificar, de perdonar, de cortar los juicios, de incluir a “los que quieren a Videla” y yo nunca seré partidario del “cuanto peor mejor”.

Por eso, si bien no soy Kirchnerista, quisiera hacer un blog para construir hegemonía por izquierda, crítico de este gobierno pero que apunte todos sus misiles a la derecha fascistoide que sigue creciendo. Sin embargo la indignación que hoy sentí en la plaza me lleva a escribirlo, a contarlo, a no soportarlo. La plaza es y será de los que luchan y no de quienes se conforman con medias tintas. Necesitamos más debates políticos, más banderas, más opiniones y especialmente en fechas como esta. Necesitamos discutir la deuda, discutir el modelo, discutir el cómo de la redistribución y especialmente en fechas como estas. Porque quienes no están más, no están por pelear por estas cosas y se merecen de nosotros los mejor que podamos dar. No alcanza con recordarlos, hay que copiarlos lo mejor posible. SEAMOS COMO EL CHE!!

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo contigo... es triste ver tanta desunión en un día en donde justamente la pluralidad debería ser respetada en vez de generarse rivalidades.....
    Adhiero bastante contigo, pero permitime decir que justamente más banderas no es lo que quiero ver.....
    Por supuesto que sí estaría gneial que haya más diversidad y diálogo, pero un 24/3 no debería tener banderas, debería haber unidad....
    No todos estamos de acuerdo ante el pago de la deuda, muchos ni saben quien es Luciano Arruga, otros muchos no leen ni siquiera el diario, pero todos (salvo los fachos), creemos que el genocidio es la crueldad más pura que puede existir, y el 24 tiene que ser un día en donde se piense en los desaparecidos y sus luchas..... pero sin peleas políticas...
    Sin esa cosa de "K" o "anti K".....
    Esas pueden quedar para el 25...26...27 de marzo o de cualquier mes...
    Sinceramente no sé si hubo verdad y justicia en la marcha, pero lo que sí sé es que con tanta rivalidad a lo "boca-river" lo que faltó fue mucha memoria.... lamentable!!!!!

    Jesi

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  2. Jesi, antes que nada gracias por leer y publicar, pero no comparto tu idea. La realidad es que los desaparecidos no están en esa condición por nada, por casualidad o solamente por la crueldad de los milicos. Ellos están desaparecidos por hacer política, por expresarse, por llevar banderas SIEMPRE y la mejor manera de recordarlos es que la plaza se llene de banderas y la mejor manera es seguir haciendo política y nunca dejarla de lado, especialmente porque cuando hablamos de un debate de ideas, estamos haciendo que los muertos no mueran otra vez.
    La memoria NUNCA es apolítica. No es lo mismo recordarlos sin banderas que hacerlo continuando sus legados. Algunos cuando vamos a la plaza el 24 no solo recordamos nombres y caras, también recordamos luchas, banderas y políticas que expresaban quienes no pudieron expresarse.
    Lo que no quita que lógicamente, por la crueldad de la dictadura, las banderas silenciadas y desaparecidas fueron de un amplio espectro y de gente que tampoco coincidía entre si. Por eso yo propongo en mi nota todas las banderas, porque debemos demostrar que a partir de ahora (al menos) los 24 de marzo, cada uno podrá elevar su bandera bien alta también en nombre de quienes no están y asegurar que cada quien pueda expresarse y hacer política como crea mejor. Eso sería lo más cerca que podemos estar de la justicia, al margen de los juicios...
    Yo soy el primero en reconocer que la política ES conflicto porque las clases están en constante conflicto de intereses, pero una cosa es hacer la política del "boca river" para ver quien "la tiene más grande" y otra distinta es reconocer que todos hacemos política y que el conflicto político no se resuelve con "aguante" sino con ideas, con propuestas y construyendo hegemonía, no negando discursos, raptando una plaza o desapareciendo opositores. La VERDAD es que todo es política, incluso cuando la misma es negada o cuando se pide un acto "sin banderas", la JUSTICIA más importante para los caídos no es la venganza, es que sus banderas vuelvan a ondearse bien alto y la MEMORIA no es solamente de los nombres, sino de sus vidas, sus ideas y sus proyectos. Eso es para mi la MEMORIA, la VERDAD y la JUSTICIA.
    Por eso quiero banderas, pero quiero TODAS y quiero que las discusiones y debates políticos se den donde deban darse, incluso (o especialmente) los días 24 de marzo.
    Lo que no quiero es más silenciamiento, más negación y más desaparición de ideas.
    Según mi visión, el día que llegue un 24 sin banderas en la plaza, aunque este absolutamente llena, ese día, habremos perdido la memoria absolutamente, habremos dejado de luchar por la justicia y habremos sentenciado a nunca conocer la verdad. Pero por suerte ese día nunca va a llegar porque somos muchos los que a pesar de todo, la vamos a seguir luchando

    Saludos

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