lunes, 7 de junio de 2010

¿FELIZ DIA?

Hace casi 3 meses que no escribía nada. No es que no haya pasado nada interesante en Nuestra América que valga la pena escribir, pero bueno, muchas veces la rutina me aleja de los pensamientos que quiero compartir y encima aquellos pocos momentos de lucidez me invitan a mezclarme en debates repetitivos o que no valen la pena. Ojalá algún día aprenda eso para mi vida real, pero lo importante ahora es que un día como hoy de 1810, Mariano Moreno inauguraba el periodismo argentino con la Gazeta de Buenos Ayres, y a pesar de estar alejado de la vocación que llevo dentro mío, me parecía que en este desgastado y bastardeado rol que están ocupando mis colegas actuales, era necesario volver a escribir en homenaje a quienes, como Mariano Moreno, hicieron de nuestra vocación un ejemplo de lucha por la libertad, la dignidad y la igualdad en lo largo y ancho de nuestro querido continente.

Es que el sólo hecho de recordar cómo fue aquel cruel asesinato de Moreno en altamar me hace sospechar que si bien el dicho dice que “la historia la escriben los que ganan”, hay algunos personajes que, aunque olvidados muchas veces, hicieron todo lo posible por dar a conocer aquella Otra Historia y son ellos los que nos honran en este día a los que vimos en el periodismo una trinchera más en la lucha contrahegémonica.

Es que si bien Moreno inició una tradición bicentenaria, a pesar de que su muerte haya dejado más dudas que certezas, su lucha en vida dejó un ejemplo para otros que vinieron después. Podría ser el caso de aquel cubano hijo de españoles que relegando del mandato paterno por la milicia realista, nos regaló desde sus notas periodísticas una lucha incesante por la descolonización y el antiimperialismo. Porque si bien todos sabemos que José Martí murió en batalla sin saber empuñar un sable, también podemos conocer que lo que no supo hacer con la espada lo hizo con una pluma magistral, dejando para la posteridad un legado que se hizo carne en aquellos jóvenes del Movimiento 26 de julio que transformaron sus palabras en hechos concretos.

Como si no hubiesen alcanzado los escritos del Pepe para tanta gloria venidera, Cuba nos deja otro emblema del periodismo juvenil. Aquel que no pudo soportar la injusticia social que primaba en las universidades de la isla caribeña en las primeras décadas del siglo XX y que desde pequeño ya escribía con la fuerza de los oprimidos para remover los cimientos de un sistema que necesitaba un cambio trascendental. Según Fidel Castro, fue Julio Antonio Mella quien “hizo más en menos tiempo”, porque asesinado en el exilio con apenas 25 años y un Machete bajo el brazo, era el peligro más grande para el dictador Machado, el que más asustaba al poder de turno y el que realmente demostró que haciendo periodismo del bueno se puede hacer política, se puede expresar ideas y se puede ser independiente del poder empresarial y estatal sin tenerle miedo a la subjetividad, sin ser un falso objetivista y contando su verdad que era la verdad de los que no tenían forma de contar su verdad.

Pero si vamos a hablar de SU propia verdad, no podemos dejar de lado a quien nos enseñó que la Revolución no va a hacer ni calco ni copia, sino una creación heroica de nuestros pueblos. Otro hijo de españoles que adoptó la lucha indigenista del Perú como su fuese propia y que tenía bien en claro que el periodismo era aquella vocación de crear su propia historia, con originalidad y valentía, enfrentando a propios y ajenos por una sociedad más justa. José Carlos Mariátegui tampoco vivió una vida larga, pero ya desde los 16 deleitaba a los peruanos y latinoamericanos de aquel momento desde distintos periódicos de la época. Tuvo que crear heroicamente el periódico El Amauta para poder escribir con libertad y pasión y fue desde allí donde dejó sus mejores legados que hoy, por suerte, están más vivos que nunca en la lucha por la igualdad que lleva adelante la República Plurinacional de Bolivia comandada por el compañero Aymara Evo Morales.

Si no alcanzaran las razones para incluirlo en este homenaje a los grandes de nuestro periodismo, fue Mariátegui quien dio nombre a este humilde Blog y quien inició la historia de este sorprendente marxismo con tintes de americanidad, este marxismo que lejos de ser de raza, fue cruzado con las mejores ideas de nuestros pueblos originarios y de nuestros mestizos locales para poder encender la llama de nuevas construcciones de pensamiento que ya se convirtieron en un clásico del marxismo mundial.

Y si de interacción internacional se trata, a pesar de estar hablando de Nuestra América no podemos dejar de apropiarnos de un periodista italiano, que jamás conoció nuestras tierras, pero que justamente por tratar de comprender la lucha contrahegemonica particular de cada región tuvo que ser asesinado por uno de los fascismos más terribles que conoció la humanidad. Fue Mussollini quien tuvo que terminar con su cuerpo, pero no pudo destruir sus escritos desde la Cárcel, ni sus brillantes análisis periodísticos desde L´Ordine Nuovo. Nadie duda que Antonio Gramsci fue un grande del periodismo internacional y que puede ser considerado el más latinoamericano de los europeos.

Saltando grandes espacios de tiempo y volviendo a nuestras tierras no puedo dejar de recordar un día como hoy a Rodolfo Walsh, aquel que empezó su carrera profesional como antiperonista pero que de a poco fue descubriendo en base sus increíbles investigaciones, que tenía que dar una batalla desde su máquina de escribir. El más grande dentro del periodismo de investigación no podía faltar en esta lista de homenajes, ya que sin su mágica pluma probablemente nos hubiese sido difícil comprender lo que pasaba en nuestro país pero que nadie quería contar. Sus investigaciones, con los años se convirtieron en historias noveladas y hasta sin quererlo fue creador de un nuevo género literario, pero tanto él como sus lectores tenían bien en claro lo que significaron sus textos y lo que significó su vida para el pueblo argentino.

Su desaparición, como la de tantos otros, todavía es una herida abierta de toda nuestra sociedad, una herida que muchos intentan volver a abrir y que solo algunos pocos seguimos queriendo cicatrizar, pero no con olvido, perdón e indultos sino con Memoria, Verdad y Justicia.

No podemos hablar de heridas o de venas abiertas sin mencionar a Eduardo Galeano, otro prócer del periodismo del Río de la Plata. Tan grande como para descubrir el horizonte, aquel horizonte que nos hace caminar, que nos hace seguir luchando y que incluso en la actualidad sigue siendo un símbolo de Nuestra América. Si bien, fue más conocido por sus poesías, sus libros de historia y hasta sus cuentos de fútbol, su multifacética carrera no nos borra de la mente que su utopía comenzó como periodista.

Otro de los tantos salidos de las canteras del periodismo pero devenidos en escritor fue Osvaldo Bayer. Al igual que Galeano fue censurado y perseguido cuando la Operación Cóndor no solamente sobrevolaba el Río de la Plata, sino que flameando desde el Norte terminaba por apropiarse del poder en toda la región dejando sin escapatoria a aquellos que, como Bayer todavía buscaban respuestas en ideologías que ya no eran aceptadas por estos pagos. Desde su exilio en Francia siguió deleitando con sus textos a quienes se les permitía leerlo. Otros se quedaron con las ganas de poder leerlo y algunos más, por leerlo a escondidas todavía hoy no sabemos donde terminaron. Por suerte, luego de un exilio académico y literario grande, hoy lo tenemos de vuelta y lo disfrutamos en página 12 y aunque sus ideas no parezcan las mismas, siempre es bueno saber que lo podemos seguir disfrutando.

Una vez finalizada esa horrible oscuridad de nuestra historia, lo que le siguió no pareció iluminarse mucho más. Dos décadas de aversión por la política, de mentiras de gestión y de tecnócratas que se robaron hasta nuestras ganas de seguir luchando, nos dejaron en penumbras especialmente en el rubro “periodistas”. Muchas de las supuestas mejores plumas del país que ocupaban franja central en radios y televisiones dejaban mucho que desear y verdaderamente hacían (y algunos siguen haciendo) usufructo de una vocación que les quedaba grande técnica y moralmente. Pero entre tanta mierda (y si, digo mierda, otra palabra no encuentro para los Grondona y los Neustadt), había un tipo que inventando un nuevo estilo periodístico hacía quedar a todo ese cuasi periodismo chupamedia y neoliberal como unos payasos mediáticos. Es que desde el humor periodístico, su “Vermuth con Papa Firtas”, probablemente el trabajo de Tato Bores haya sido mucho más serio que el que nos siguen brindando hasta el día de hoy personajes como Grondona, Hadad, Longobardi, Magdalena, Nelson Castro, Luis Miguel Majul y otros que a lo único que se dedican es al GOOD SHOW.

También censurado durante un tiempo incluso en democracia, volvió en los 90 más filoso y comprometido que nunca, con una realidad en la que era tan difícil ser lo que él era, que realmente le hizo ganar un lugar entre los grandes de verdad. Yo creo que nuestra televisión contemporánea todavía lo extraña y aunque muchos quisieron imitarlo, con mayor o menor éxito, jamás de los jamases podrán igualarlo. Tato fue quizás el último gran héroe de la investigación periodística y de la ironía en la televisión.

Probablemente con el inolvidable Tato Bores debería terminar la lista, decepcionado por un periodismo más comercial que nunca, por gente que sin escrúpulos se vende al mejor postor denigrando la profesión a lo más bajo de la esclavitud y la servidumbre. Pero la honestidad brutal de este uruguayo de nacimiento y argentino por elección lo hizo ganarse el respeto de muchos, especialmente de quienes ya no confiamos en ninguna de las voces que escuchamos, ni en ninguno de los artículos que leemos.

Es que Víctor Hugo Morales dejó de lado la pelota para demostrar que tiene mucho para comentar y para enseñarles a muchos periodistas deportivos que en realidad antes que nada deberían ser PERIODISTAS. Porque VH no se olvidó de la pelota y hoy es el mejor relator y comentarista que tiene nuestro fútbol, pero además demostró que no hay que ser un jugador frustrado para hablar de fútbol y aunque se sepa de fútbol, también se puede conocer, investigar y entrometerse en los temas más candentes que tiene la sociedad. Tal vez muchos dirán que a VH no le de la talla para compararlos con los monstruos que pusimos en este homenaje, pero por ahí su humildad, su sinceridad y su respeto me permitan soñar con que todavía podemos creer en que los grandes que mencionamos anteriormente pueden volver a surgir. Por ahí este uruguayo no metió los goles que metieron otros, no ganó los campeonatos que ganaron los anteriores, pero dentro de tanta mierda (si, otra vez la palabra mierda, si alguien encuentra un sinónimo se lo agradezco) es una llamita de esperanza.

Probablemente esta nota termina siendo injusta con una cantidad de periodistas que más o menos conocidos, con más o menos éxito, intentaron hacer lo que los mencionados hicieron, pero esto no quiso ser una investigación sobre el periodismo latinoamericano, sino un simple homenaje de un “proyecto a periodista” (que vendría a ser yo) que intenta reflejarse en cada uno de estos héroes de la escritura. Desde mi humilde lugar en el que soñaba ser periodista, lo soñaba gracias a ellos, gracias a leer sus notas, sus libros, escucharlos en la radio y verlos en la TV, gracias a ellos es que todavía sueño con ser periodista.

Porque estoy harto de los títeres a los cuales llamamos periodistas, estoy harto de los que levantan las banderas de la libertad con un billete bajo el brazo, estoy harto de los que hablan de libertad de expresión y luego sacan del aire a tres periodistas por una pequeña entrevista jugosa a uno de los dueños del canal (y del país), estoy harto de ver abrazar la independencia y la objetividad desde un monopolio que obliga a todos sus voceros a defender sus intereses personales desprestigiando el periodismo, haciéndolo caer en lo más bajo.

Es por eso que mi homenaje es para cada uno de ellos. Desde el fundador Mariano Moreno hasta el humilde Víctor Hugo, pasando por el antiimperialismo de Martí a la juventud de Mella, la creación heroica de Mariátegui y la trinchera gramsciana; desde la valentía de Walsh, al anarquismo de Bayer, el romanticismo de Galeano y el humor de Tato. Por todos ellos, porque si tuviésemos más como ellos hoy realmente sería un FELIZ DIA.

miércoles, 24 de marzo de 2010

No ganamos ni aprendimos nada, pero ¡No nos han derrotado!

Hoy se cumplen 34 años de aquel fatídico 24 de marzo de 1976. Tremenda mancha si las hay en nuestra historia argentina y por qué no, en nuestra historia latinoamericana. El golpe se puede enmarcar dentro de la Operación Cóndor que ya estaba en funcionamiento en toda la región del Cono Sur. A través de un acuerdo entre la CIA y los gobiernos dictatoriales de, Paraguay (1954), Brasil (1964), Bolivia (1971), Chile (1973), Uruguay (1973) y Argentina (1976), se persiguió, detuvo, torturó y desapareció a quien no pensara como “debía pensar”.

Este trabajo planificado y orquestado desde el imperio del Norte era parte de una política internacional de enfrentamiento yanqui a las ideas comunistas y socialistas que luchaban contra la opresión y por la dignidad y la libertad de los pueblos. Como la Guerra Fría estaba en su mayor auge y ambos bloques se habían repartido el mundo, Latinoamérica tenía que quedar en manos de la influencia norteamericana, pero la Revolución Cubana de 1959 había sido la yaga de Washington y la llama que alimentaba las luchas revolucionarias de los demás países del continente. Por lo cual era muy importante una construcción hegemónica y represiva que no permita la difusión y ampliación de los sectores populares en lucha.

Durante todo el final de la década del 70 y también principios de los 80 (en algunos casos hasta el final de la década) las dictaduras latinoamericanas se unieron en pos de la persecución y la desaparición de compañeros y compañeras más allá de sus nacionalidades, se dedicaron a torturar y asesinar a miles de hombres y mujeres que lo único que proponían era otra forma de pensar, otra concepción ideológica que no era la occidental y cristiana, que no era la “derecha y humana”.

Ahora bien, una vez terminada esa tormenta, los vientos no parecían traer aires renovados, aires de curación. La política latinoamericana, durante fines de los 80 y especialmente durante toda la década del 90 nos dio la certeza de que a pesar de haber recuperado la democracia, las sociedades no habíamos aprendido nada. Estábamos perdonando a los criminales, perdonando a los asesinos, indultando a los responsables de las masacres más grandes que nuestro continente había vivido, pero además, estábamos votando y eligiendo a los mismos que habían apoyado el golpe del 76.

Es que ya en democracia no sólo teníamos que soportar las leyes de Obediencia Debida, de Punto Final y el famoso indulto menemista, también teníamos que soportar los ajustes, las inflaciones, las privatizaciones, el desempleo, la indigencia y la desigualdad total no sólo económica sino también una desigualdad política, cultural, educacional y social. En fin, una desigualdad absoluta que comenzó en dictadura y continuó en falsas democracias que decían representar a los pueblos.

Con el Argentinazo, muchos soñamos ver un pueblo que aprendía, que se despertaba porque no quería ser más oprimido, quería ser libre. Teníamos otros reflejos, otros espejos y ya dejábamos de ver a EUA y Europa como proyecto a imitar. El Caracazo y el Socialismo del siglo XXI que comenzaban a expresarse esperaban una compañía fiel desde los pagos más australes, pero para eso los caribeños tenían que esperar. (A que llegaran Morales y Correa)

Es verdad que se acababa el neoliberalismo en algunos gobiernos, que venían tiempos de Estados más presentes y de medidas más inclusivas, que intentarían combatir esas desigualdades, recuperar los recursos naturales, el gas, el petróleo, el agua y por qué no, también las dignidades de los pueblos que se mantuvieron oprimidos por tanto tiempo (incluso algunos por más de 500 años, como el caso de Bolivia), pero algunas deudas todavía seguimos teniendo en el continente, deudas impagables que algunos gobiernos se animaron a enfrentar y otros más tibios prefieren pagar por miedo al default.

Muchos dirán que el debate actual en Argentina sobre el pago de la deuda externa poco tiene que ver con este 24 de marzo, que este gobierno se puso al hombro los juicios a los militares y que no está dejando que la historia nos haya vencido. Pero este gobierno es también el que quiere pagar una deuda que contrajeron aquellos milicos, que quiere legitimar una plata sucia en la que no se puede distinguir quienes son los deudores y quienes los acreedores ya que son las mismas personas (aunque nos quieran hacer creer que no). Además de ser juzgados, los DDHH le reclamamos que se hagan cargo de sus deudas para que no la pague el pueblo!!!

Más allá de mi opinión personal con respecto a la deuda y con respecto al gobierno, entiendo que los caídos son compañeros y compañeras argentinas de todos los sectores populares, de todos los sectores sociales y de todas las ideologías que no acordaban con aquel proceso, por lo cual el acto debería poder representar todas esas expresiones. Sin embargo, “el acto” ya no es uno sino que son por lo menos dos: el oficialista y el opositor.

¿Por qué motivo no podemos marchar juntos, cada uno con sus banderas políticas, con sus mensajes, con sus consignas? ¿Qué es lo que nos impide coincidir en algo sin tener que coincidir en todo? ¿Cuál es la razón por la cual diferentes sectores se disputan una plaza que le corresponde a todos los que siempre han luchado? ¿Desde cuándo un acto del que participa Florencia Peña representa a todos los que luchamos por los Derechos Humanos? ¿Desde cuándo, las únicas víctimas del genocidio militar son las madres, las abuelas y los hijos como dijo Orlando Barone? ¿Desde cuándo vamos a la plaza de Mayo a cantar en pos de un programa de televisión?

Todas estas preguntas y otras me surgieron en los pocos minutos que estuve en la plaza, porque obvio, la plaza no era de los que no nos conforma este gobierno y su apropiación de la lucha por los Derechos Humanos, no era para los que queríamos reclamar por el pago de la deuda, por Julio López, por Luciano Arruga, por Andalgalá, por la judicialización de la protesta social y por otros motivos de los que el gobierno no habla. Por eso, estuve poco tiempo, porque mientras el gobierno se apropiaba de la plaza y del único discurso “de izquierda” posible, quienes no somos oficialistas tuvimos que marchar, llegar e irnos por donde vinimos, para devolverle la plaza a los únicos con derecho al reclamo, a la recordación, con los únicos dueños de los DDHH.

Me fui pensando por qué no podemos hacer un único acto, sin oradores, sin gobierno, sin conflictos, sin que eso implique dejar de lado los mensajes políticos, las banderas, el color. Que cada uno lleve lo suyo sin criticar al de al lado, respetándose en la diversidad, entendiendo que en la lucha contra la dictadura el espectro político es amplio y tenemos que entendernos para no ser derrotados.

Yo marché con mi grupo de pertenencia, pero alrededor probablemente tenía grupos con quienes comparto muy pocas cosas cotidianamente, sin embargo en un marco de respeto todos caminábamos por los que no están, por los luchadores que fuimos a honrar, hasta que llegamos a una plaza colmada, ya ocupada por otros grupos, otras personas que nos faltaron el respeto, nos trataron de gorilas, nos negaron la posibilidad de estar en la plaza o nos invitaron a quedarnos siempre y cuando gritemos todos juntos por 6, 7, 8.

No voy a dudar de la legitimidad de su reclamo para estar ahí, de sus razones para ocupar la plaza, pero nosotros teníamos las nuestras, teníamos que estar ahí como estuvimos siempre y queríamos estar aunque a nadie le importe. Incluso el canal oficial que se jacta de mostrar lo que los monopolios no, tampoco ellos le dieron importancia a una convocatoria del espacio Memoria, Verdad y Justicia que tuvo que quedarse fuera de la plaza por no compartir las consignas K.

El enojo no me calma, la bronca no cesa… Es que ver un campo popular dividido me hace pensar en derrota, en injusticia y en opresión. Barone sigue diciendo que los argentinos no quieren los DDHH, pero ¿Qué se piensa Barone, que los DDHH son solamente los que defiende la Presidenta? ¿Cómo puede un periodista que se cree progresista no reconocer la lucha de la izquierda, de grupos que siempre estuvieron defendiendo los DDHH hasta en las peores condiciones? Dice que no se apropian de la plaza, pero no solamente hacen eso, sino que también se apropian de la lucha por los DDHH y eso es tremendo, es grave, es absolutamente preocupante.

Ojalá el 24 que viene este escribiendo algo más esperanzador, quisiera desear por una Argentina distinta, pero la realidad muestra un horizonte con nubarrones mucho más negros que los actuales. Si bien a este gobierno le falta mucho por andar en el camino de los DDHH, ya se oyen voces de pacificar, de perdonar, de cortar los juicios, de incluir a “los que quieren a Videla” y yo nunca seré partidario del “cuanto peor mejor”.

Por eso, si bien no soy Kirchnerista, quisiera hacer un blog para construir hegemonía por izquierda, crítico de este gobierno pero que apunte todos sus misiles a la derecha fascistoide que sigue creciendo. Sin embargo la indignación que hoy sentí en la plaza me lleva a escribirlo, a contarlo, a no soportarlo. La plaza es y será de los que luchan y no de quienes se conforman con medias tintas. Necesitamos más debates políticos, más banderas, más opiniones y especialmente en fechas como esta. Necesitamos discutir la deuda, discutir el modelo, discutir el cómo de la redistribución y especialmente en fechas como estas. Porque quienes no están más, no están por pelear por estas cosas y se merecen de nosotros los mejor que podamos dar. No alcanza con recordarlos, hay que copiarlos lo mejor posible. SEAMOS COMO EL CHE!!

sábado, 13 de marzo de 2010

¿Nos une el amor, el espanto o qué?

Desde que los terremotos afectaron a dos de nuestros países hermanos que me vienen dando vueltas en la cabeza varias ideas, pero me estaba costando plasmarlas en un papel. Pero bueno, al parecer los que dicen que la música abre la cabeza y aclara las ideas tal vez tengan razón, porque al volver del festival para “abrazar” a Chile todo lo que giraba por mi cabeza empezó a ordenarse y a escupirse con ganas de salir.

Es que el festival fue organizado por Red Solidaria y fue apoyado por el Canal Encuentro (canal oficial), el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y muchas empresas (algunas amigas del gobierno, otras de la oposición, otras extranjeras). Al mismo también se sumaron artistas de diversa índole política y fue transmitido por varias señales de televisión. Es como si el espanto que les está tocando vivir a nuestros vecinos trasandinos nos hiciera olvidar por una tarde de sábado nuestras peleas cotidianas, nuestras luchas políticas, nuestras diferencias ideológicas e irreconciliables: estábamos todos abrazando a Chile.

Pero mientras escuchaba a los artistas pensaba: ¿Por qué no abrazamos todos juntos a Haití cuando vivieron una situación similar? ¿De qué hablaba el gobierno y la oposición cuando los damnificados caribeños necesitaban nuestra ayuda? ¿Qué hacían las empresas que hoy respaldaron el evento? ¿Qué mostraban los medios? En fin, ¿Qué hacíamos TODOS cuando la tragedia acechaba una ciudad que ni siquiera podía horrorizarse por la situación coyuntural que soportaba ya que los problemas los acarrea hace siglos sin que nadie intente al menos escucharlos?

No es que no quiera ser parte de esta “unión” por Chile ni que no quiera solidarizarme con quien realmente la está pasando mal en estos momentos, pero mi lectura obligada pasa por otro lado. Evidentemente no todo espanto logra unirnos, no todo espanto logra que prestemos atención y a veces no es el espanto lo que invita a la unión sino otros motivos, otros intereses.

Nadie niega que detrás de la solidaridad haya intereses políticos, pero cuan redituable puede ser una decisión política que se toma en conjunto con los espacios que están de la vereda de enfrente. Obviamente, no fueron los intereses políticos los que nos arrastraron a Pampa y la vía, entonces habrá que buscar por otro lado.

Nadie duda de la bondad que llevó a los organizadores a dedicar su tiempo y sus recursos en una actividad que busca ayudar. Nadie duda de las intenciones de organizar un evento como este, pero permítanme preguntarme ¿Por qué a nadie se le ocurrió que esto podía ser de utilidad mientras Haití sufría? ¿Realmente nadie lo pensó o le costó conseguir Sponsors? ¿Por qué las empresas pueden estar tan interesadas en ayudar a un país como Chile y no así a un país como Haití? ¿Cuál es la razón para sentir dos terremotos de diferente forma siendo ajenos a ambos?

La experiencia me hace pensar que cuando se ayuda a la reconstrucción de un país como Chile, solvente, con gran posibilidad de consumo interno, con un lugar en el sistema económico global, también se está ayudando a que las empresas que tienen negocios por aquellos lares puedan recuperar sus ganancias y apuntar a seguir creciendo. Esta podría ser la razón por la cual muchos de los que colaboraron en el festival de hoy en la tarde no se preocuparon tanto por una pequeña isla, llena de pobreza, fuera de todo contacto con el mercado mundial y con imposibilidad de reproducir ganancias multinacionales.

Es por eso que el análisis de ambas tragedias no puede quedar apenas en el dolor o en la solidaridad, sino que necesita de otras preguntas y otras respuestas. No podemos dejar que el horror natural nos haga dejar de lado los horrores humanos; los problemas políticos, económicos y sociales que nos aquejan y que no son responsabilidad de Dios, de la pacha mama o del azar, sino de nosotros mismos.

Porque así como nuestra solidaridad, nuestro sentido de colectividad y nuestras ganas de ayudar hicieron que nos unamos en pos de la desgracia que los andinos están viviendo, fue nuestro egoísmo, nuestro afán capitalista e individualista, nuestra sociedad la que llevó al olvido a un pueblo caribeño mucho antes de que la Tierra lo castigara, mucho antes de que el espanto natural lo atacara y mucho antes de que podamos solidarizarnos para “abrazar” a Haití.

Gustavo Ceratti subió al escenario esta tarde y dijo que además de ayudar a Chile, deberíamos aprender de su unión y que nosotros teníamos otros terremotos que resolver. Increíblemente esas incoherentes palabras fueron las que me aclararon las ideas, pero en un sentido totalmente opuesto. Es que el ex Soda fue quien resumió perfectamente el discurso hegemónico, ese que nos lleva a ayudar a Chile y a olvidar a Haití, ese que nos lleva a pensar que Chile es un país ejemplar, con una política a imitar y una sociedad que aprendió cosas que nosotros no.

Aprovecho para recordarle al cantante que las políticas chilenas de acercamiento a los Estados Unidos y alejamiento cada vez más de la propia Latinoamérica no es otra cosa que la continuidad de un proyecto que inició el propio Pinochet al destituir a Allende y asesinar a su pueblo, que luego siguió con la “pseudo izquierdista” Concertación que no hizo más que consolidar lo que los milicos habían comenzado. Le recuerdo a nuestro gran referente por el mundo que el terremoto más grave que Chile debe solucionar es el afianzamiento de la terrible política neoliberal que va a contramano total de nuestro continente y que la unión de la cual deberíamos aprender los argentinos es la que llevó a los países de América a defender la democracia Hondureña y la que llevó a algunos de los líderes latinoamericanos (Como Chávez, Rául y Evo) a brindar lo que sea necesario para que el pueblo haitiano se recupere, no solo del terremoto sino de la dignidad que le fue robada hace siglos.

Por suerte, una vez que Ceratti abandonó el escenario, la música de la memoria, los recuerdos a Victor Jara y al Perro Santillan, el repudio a la dictadura, las guerras y a los malos bichos fueron quienes gritaron más fuerte y quienes nos dieron a los asistentes otra esperanza, otro mensaje, otro pensar. Es por eso que sin desmerecer lo que hoy hicieron a la tarde, creo que los pueblos latinoamericanos estamos en condiciones de exigir otra realidad, como dirían los fabulosos: “A LA VIOLENCIA, A LA INJUSTICIA Y A TU CODICIA… DIGO NO!”

domingo, 7 de marzo de 2010

Una victoria con sabor a derrota

Es verdad que en este blog latinoamericanista deberíamos brindar por el Oscar que se llevó El Secreto de sus ojos como mejor película en idioma extranjero. Es verdad que también podríamos brindar porque de 5 nominadas, dos eran de esta región del mundo y que, pareciera que de a poco el imperio va reconociendo los trabajos de esta parte del planeta muchas veces olvidada, pero pese a la alegría no todo puede ser un triunfo completo.

Nada invalida la felicidad que me genera este premio por el director, por los actores, por el escritor de la novela en la que se basó el film (Sacheri) a quien respeto muchísimo, pero el contexto en el cual Avatar perdió en todas las nominaciones frente a The Hurt Locker, creo que el imperialismo siguió mostrando su faceta de hegemonía cultural o del poder que su propio aparato ideológico transmite al mundo.

Parece una pavada estar hablando de esto y más cuando realmente no vi la película The Hurt Locker (y que creo tampoco me interesa), pero aunque sea complicado de divisar, para mí esta elección que hizo la Academia tiene un contenido político. ¿Cuál?

A pesar del aparente realismo que tiene una y la aparente imaginación o ficción que tiene la otra, ambas cuentan experiencias, sensaciones y pasiones que le ocurren a militares norteamericanos durante una guerra, pero con un perfil totalmente distinto. La película que efectivamente se llevó todos los premios cuenta la historia realista de un batallón estadounidense que sufre las peripecias de la “guerra” en Irak. Según cuentan las sinopsis de la misma, la idea es mostrar el heroísmo de un grupo de milicos que se encarga de desactivar bombas y logran que los espectadores nos conmovamos con el sacrificio que dichos soldados realizan por la patria, por la bandera o vaya a saber uno por qué.

En cambio Avatar tiene otra mirada del mismo ejército. Si bien lo cuenta de una manera mucho más espectacular o ficticia (incluso futurista), la visión sobre el ejército es de un grupo de malvados invasores que tratando de defender intereses económicos privados, e incluso tratando de efectivizar el “progreso” científico, intentarán desmantelar una civilización, desarmarla, destruir su hábitat, su forma de vida, su cultura, su tradición, etc. Por supuesto que no podemos saber si dicha historia quiere hacer referencia puntual a las invasiones en Irak o Afganistán, pero sí queda clarísimo en el film cual es el verdadero rol del imperialismo, cual es la verdadera tarea, cual es el objetivo final.

En síntesis, ambos filmes se esfuerzan en mostrar un debate político presente tanto en la sociedad yanqui como en el resto del mundo, pero el destino de las estatuillas (todas hacia The Hurt Locker) termina de confirmar cuál de estas posiciones es la hegemónica, cuál es la que se defiende mayoritariamente en el mercado cinematográfico y obviamente también formaliza la opinión generalizada de la Academia que prefiere ver una película que defina al imperialismo como una tarea heroica y no una que los avergüence por las barbaridades y atrocidades que cometen a diario.

Muchos podrán decirme que ganó la película independiente frente al gran imperio comercial, que ganó una historia sin presupuesto contra una que necesitaba de una millonada de dólares, podrán decirme que el cine “jolibudense” no intentará jamás contar una historia revolucionaria o que prenda alguna mecha de rebelión en los pueblos. Probablemente tengan razón, pero este debate no quiere interceder en lo que los autores quisieron contar, sino en lo que el público masivo puede llegar a recibir.

Quienes estudiamos las ciencias sociales sabemos que dentro de cualquier discurso, cualquier mensaje se necesita un emisor y un receptor que también juega, crea, imagina, piensa y reacciona frente al mensaje. Por lo cual, siempre es más valioso una película con mensaje crítico frente al imperialismo que una que con su mensaje apañe lo peor que ha mostrado la humanidad.

Incluso si hilamos más fino, podemos quedarnos con las palabras de la directora de la película ganadora quien dedicó su trabajo a los uniformados que entregan su vida por la defensa de algo, ella no lo llamo invasión, ni los criticó, ni buscó responsabilidades en dicha tarea sino que los elogió por hacer lo que hacen. No creo que haya sido casual su mensaje ya que teniendo tan poco tiempo para expresarse arriba del escenario, sus palabras fueron muy pensadas y de seguro no fueron arbitrarias.

En fin, si alguien está pensando que no le pidamos peras al olmo, ese sí tendría razón. Yo tuve la esperanza (o la ingenuidad, llámenlo como quieran) de que se premie la crítica a una sociedad, de que se premie una historia polémica, de que se rompa con ciertos moldes tradicionales, pero ilusionarme es culpa mía y esperar de los Oscar un mensaje de paz, un mensaje de respeto a los pueblos, de acabar con la barbarie imperial, era más ficticia y más imposible que la existencia real de los navies.

Tal vez, la ilusión se haya mezclado con la premiación a la película extranjera ya que si escarbamos en el mensaje de Campanella (que originalmente es de Sacheri) podemos encontrar cierta crítica al poder, cierto dolor frente a las injusticias y cierta búsqueda de la verdad y la equidad. Además, esta fue la segunda película argentina premiada con este galardón, alcanzando lo que alguna vez llegó a obtener La Historia Oficial, un emblema de la cultura cinematográfica dedicada a la lucha popular en Argentina.

Por eso, pese a la decepción que me generó ver que la Academia sigue siendo la Academia o que Avatar no haya podido conformar al imperio del cine con su crítica al imperio, creo que esta es una noche para celebrar. Argentina y Latinoamerica se llevaron otro Oscar bien merecido y Campanella logró poner al cine del tercer mundo, una vez más, en el ojo de las potencias centrales.

A COMERLAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!

lunes, 1 de marzo de 2010

Cameron por los oprimidos del mundo

Avatar: ¿Ciencia ficción o documental histórico basado en hechos reales?

(Recomendación: antes de leer este post, ver Avatar y en la medida de sus posibilidades en algún cine 3D)

Minutos después de sacarme los anteojos 3D que me permitieron ver Avatar en más de 3 dimensiones, me hice la primera pregunta a la que me trasladó la película. ¿Será posible que un cuento de Ciencia Ficción se haya convertido en el siglo XXI en un mero espejo de la realidad? ¿Cómo es posible analizar la realidad a través de una película que parece mostrar una vida semi humana en un planeta distante y luego siglos de avance de la tecnología, en especial la armamentística? ¿Cuál es el mensaje político que este simple film futurista trae aparejado?

Según muestra una nota de Ernesto Tenenbaum publicada en la Revista XXIII, algunos pocos trataron de ver en dicha película un ejército norteamericano tratándose de defender del “terrorismo” que querían imponer los “malvados” e “incivilizados” navies que, al no entender del funcionamiento de la sociedad capitalista, seguían manteniendo una vida social y espiritual con una conexión muy especial con una tierra que, a pesar de su misticismo, estaba valuada en millones de dólares por sus riquezas naturales.

Pero pese a estas posturas marginales e incoherentes, lo evidente del film es justamente lo que el periodista sí observa en la historia: un ejército norteamericano dispuesto a derribar lo que fuera con tal de no desperdiciar la altísima ganancia que podía extraerse de aquel suelo. Caiga quien caiga, destruya lo que se destruya, todo estaba justificado en base al fin último: entregarle al mundo capitalista la mayor riqueza de la época. (Cualquier similitud con Irak, Afganistan y el mundo del petróleo es mera coincidencia JA!)

Sin embargo, más allá de lo evidente, no escuché a nadie analizar la actitud del héroe de la película y sus compañeros científicos, quienes lejos del salvajismo militar, no comprendían cual era la necesidad de semejante destrucción, pero no dejaban de responder a un mero interés económico y capitalista, por lo menos en un principio.

Si prestamos exclusiva atención, el objetivo de este grupo de “bondadosos” intelectuales e investigadores, no era respetar las creencias, ritos y vivencias de los nativos, sino por el contrario, se esmeraban en una colonización pacífica que sirviera para que la comunidad aprendiera el lenguaje “universal”, imitara “nuestra” cultura occidental y cristiana y entendiera que su hogar era un montón de riqueza económica y que ello los podía trasladar a una “vida mejor” si aceptaban un traslado pacífico de su lugar de existencia histórica y se adaptaban a la “civilización”.

Esto me llevó a pensar en la importancia trascendental de los intelectuales. Como buen gramsciano debo reconocer que esta teoría de construcción de intelectuales que acompañen con sus saberes, una hegemonía de pensamiento que justifique la dominación no es algo novedoso ni original. Lo sorprendente es la claridad con la que se ve este mensaje en la historia que cuenta James Cameron. Aunque probablemente seamos pocos quienes tengamos un contacto fluido y cotidiano con el lenguaje de Antonio Gramsci, el mensaje aparece tan resaltado como un cartel de neón y sin embargo nadie parece notarlo. Es que esta es justamente la demostración de una gran victoria de aquellos héroes que con delantales y anteojos reemplazaron a los de trajes verde oliva y armas de fuego, organizaron una sociedad, le dieron contenido teórico y justificación a un sistema opresor ganando la batalla ideológica que en ocasiones termina siendo más decisiva que una operación militar.

La posición tomada por la doctora es casi calco de la mayoría de nuestros profesionales en todas las áreas científicas (incluidas las áreas económicas, legales, políticas y también sociales y culturales), sólo contra la lucha de pequeños reductos de rebeldía bastante desparramados y aislados. El caso paradigmático es nuestra Universidad, la UBA y la lucha por su democratización que los estudiantes llevamos a cabo hace años.

Volviendo a la nota del periodista de Radio Mitre y TN, no será muy difícil ver en semejante obra de arte una analogía a las tremendas invasiones que los Estados Unidos han realizado en la última década a Irak y Afganistán. Incluso imaginando la mirada que muchos tienen de los pueblos árabes, no me cuesta mucho sospechar que muchos son los que los creen “semi hombres” y se ríen de su cultura, sus creencias y sus misticismos dando por sentado que, a pesar de tener en exceso la mayor riqueza capitalista del momento (el petróleo), todavía no han madurado como sociedad, no se han “civilizado y culturizado” y no pueden comprender como pueden acceder a una vida humana correspondiente al siglo XXI. Sólo que a esto habría que agregarle, como dije, el usufructo de muchos intelectuales autoreconocidos pacifistas que en pos de sostener intelectualmente un “choque civilizatorio” (¿Qué habrá pensado Samuel Huntington de la civilización navy?), tratan de escaparle a la matanza indiscriminada pero no rechazan la factibilidad de cooptar a los nativos en pos de su propio “progreso” y el “progreso de la ciencia”.

Igualmente, como parte de un renaciente y floreciente marxismo latinoamericano y reivindicando nuestra propia historia, tradición y cultura debo ir más allá de lo obvio que transmite la película. Yo no vi en ella solamente una réplica fantasiosa de las invasiones a Medio Oriente. Yo no observé allí ninguna historia de ciencia ficción de un posible funcionamiento tecnológico del imperio más poderoso del mundo en los siglos venideros. Yo salí de la película recordando y rememorando los más de 500 años de opresión que lleva sobre su espalda la cultura latinoamericana. Recordé las tropas españolas llegando por primera vez a “colonizar” lo que creían las indias. Me vienen imágenes de la hiperexplotación de las minas de Potosí, la cantidad de oro y plata que se han robado de las entrañas de nuestro continente (que a decir de Eduardo Galeano sobraría para construir un puente de oro y plata que cruce todo el Océano Atlántico).

Pero no sólo eso, habría que retomar aquí la lucha entre ingleses, españoles y franceses por adueñarse de lo desconocido, de la cultura mística y atrasada que había que desmantelar y “sacar del árbol mágico” (las minas). Las invasiones de 1806 y 7, la guerra contra el Paraguay y la lucha por Haití. No podríamos dejar de mencionar a los misioneros jesuitas que cumplían el rol de los “buenos científicos” que no querían matar a todo lo salvaje, sino “civilizarlo”.

Aquí deberíamos seguir con El Facundo de Sarmiento, la lucha contra la barbarie, la conquista del desierto de Rosas y luego de Roca, la fomentación de inmigración blanca y civilizada que esperaban Alberti y compañía, etc etc.

Como olvidarme de la intromisión de los Estados Unidos una vez que consolidó sus fronteras y sus conflictos internos. Intromisión que afectó especialmente al Caribe y a Centroamérica, pero que llegó con el Big Steak a las costas más australes de la Patagonia argentino-chilena. Como no mencionar la anexión de Puerto Rico, Hawaii, la construcción del canal de Panamá, la participación en los frigoríficos argentinos y uruguayos, la operación Condor en la zona del Mercosur, su ferviente apoyo a las dictaduras militares y finalmente el Consenso de Washington de la década menemista.

Como no pensar tampoco en lo que pasa actualmente en Nuestra América, en la postura yanqui frente al tremendo sacudón haitiano, la neutralidad de la Casa Blanca frente al golpe hondureño, las bases militares en colombia, la super explotación de las minas a cielo abierto que no dejan de dañar la salud y la naturaleza de nuestros hermanos sanjuaninos, catamarqueños y puntanos. Como dejar de lado la persecución política que sufren dirigentes como Evo Morales por su ascendencia indígena. Las luchas por los recursos naturales como el petróleo, el gas, el cobre, el zinc y otros minerales que nuestros suelos nos han regalado; la decidida incrementación de plantaciones de soja y otros elementos que destruyen los suelos, o la inapropiada utilización de técnicas y tecnologías abandonadas en los primeros mundos por su afectación al planeta pero que parecieran no afectar a nuestros ríos (la pastera Botnia), nuestras tierras fértiles (glifosato) y hasta nuestro aire (smog de las fábricas).

Es que yo observaba el lenguaje navi y si cerraba los ojos imaginaba un idioma tipo quechua, guaraní, aymara y tantos otros dialectos y lenguajes que por mi condición de blanco occidental y judeo cristiano sólo conozco de nombre. Miraba la conexión de estos seres con su tierra natal e imaginaba las terrazas incaicas, las pacha mama del norte argentino y Bolivia, las ruinas peruanas y mexicanas, el estudio maya del sol y la luna, etc etc. Miraba su sociedad y su conexión social que inaginaba los Ayllus que describe José Carlos Mariátegui.

No quiero contradecir a los especialistas críticos de Cine y espectáculos, no quisiera negar que Avatar es un film de ciencia ficción, pero yo no dejo de pensar en un simple documental histórico que buscó recursos originales y sorprendentes para contarnos sobre el comportamiento del imperialismo desde su creación, desde su existencia. No creo que se diferencie dicho accionar en las colonias africanas, en las islas oceánicas o en el Medio Oriente asiático, pero mi subjetividad me hace descubrir en Avatar, los “avatares” y problemas de mi historia como Latinoamericano. Me sacó los anteojos 3D y veo una realidad que se parece bastante a la de la pantalla. Prenden la luz de la sala y no logro desconectarme de la escena de invasión, de la lucha por la dignidad, de las ganas de resistir y sobrevivir de los Navies que es igual a la de nuestros pueblos, de la idea de libertad y de abandonar de una vez por toda la opresión imperial que nos acosa hace más de 5 siglos.

Ojalá algunos políticos con responsabilidades lloren al ver el amor entre dos seres de culturas tan diversas, ojalá algunos líderes de opinión se reconozcan en la voz del héroe y elijan, como él lo hizo hacia el final de la películar, la vía de la liberación, de la independencia y de la lucha por la dignidad. Dicho héroe “jolibudense” nos deja abierta la esperanza de que otros líderes vuelvan a sentirse parte de los oprimidos, se reconozcan con el débil y se liberen de la cultura hegemónica que los oprime a ellos también.

Muchos grupos sociales y populares estamos trabajando en esa tarea y ahora también algunos líderes políticos de Nuestra América acompañan esos procesos de base y buscan el socialismo del siglo XXI, el socialismo andino u otras variantes revolucionarias. Pero no me conformó. Escribo, pienso, actúo para que el mensaje de Cameron llegue con claridad, para quienes tengamos la fuerza de luchar nos reunamos todos en pos de la libertad y la dignidad. Que Avatar no sea una película más, que sea un ejemplo. ¡Seamos como el Che!

Editorial. Puntapié inicial de la Creación Heroica

Nuestra América ha sido vista y estudiada siempre desde cosmovisiones diferentes. Desde su falso descubrimiento, o más bien, su aparición en la escena internacional, hace más o menos 500 años el estudio de estas tierras, su geografía, su historia y su sociedad ha sido leída de diversas maneras proveniendo de diferentes corrientes ideológicas.

Dentro de la cosmovisión internacional dominante, los países de América Latina y el Caribe no son más que un “patio trasero” de las grandes potencias mundiales. Un lugar lleno de recursos naturales abiertos a la explotación indiscriminada para el crecimiento y el desarrollo de aquellos aventureros que osan asomarse por estos pagos para enriquecer sus bolsillos y de sus patrones. Desde siglos atrás, su población ha sido ninguneada y olvidada por quienes, en pos de la ciencia, la economía y el desarrollo humano han explotado hasta el día de la fecha (lo siguen haciendo) todo recurso posible (incluso sus habitantes).

Desde esta posición, no hay lugar para el desarrollo de cultura, tradición y sociedades autóctonas o nativas ya que todo territorio, desde Tijuana a Las Malvinas y la Antártida, es proclive de explotación privada por corporaciones multinacionales y Estados extranjeros que en la mayoría de los casos cuentan con la colaboración de una pequeña porción de latinoamericanos que están dispuestos a todo con tal de acrecentar su poderío personal. Para ello, estos aliados locales se han apropiado de los poderes políticos locales, han creado los Estados de arriba hacia abajo, creando barreras y límites superfluos para la consolidación de sus propios objetivos.

Por otro lado, muchos aceptan que el subdesarrollo tecnológico, económico y social de Nuestro continente se ve afectado por esos grupos locales que terminan siendo secuaces de las grandes potencias. En esta posición parecen encontrar caminos para desarrollarse en conjunto y de manera independiente a los países centrales que nos dominan, pero no discuten al sistema opresor por excelencia, el capitalismo, el individualismo y el progreso personal y económico. Estos grupos nacionalistas muchas veces son acompañados por sectores populares o clases medias que creen que independizándose de las potencias habrá posibilidades de crecimiento individual y ascenso social. Lo que no entienden es que mientras haya un sistema global capitalista, podrá haber una puja entre diversos intereses capitalistas y coyunturalmente buscarán el apoyo de las masas pero nunca tendrán como meta el poder popular, la libertad de los oprimidos y un sistema más equitativo para las sociedades a quienes supuestamente representan.

Finalmente, un tercer grupo reconoce que la solución latinoamericana no es solamente tomar distancia e independencia de las decisiones de otras naciones, sino también una revolución social que le devuelva el poder al campo popular. Allí la discusión se torna entre quienes buscan el desarrollo a través de imitaciones y copias de fórmulas anticapitalistas en otros rincones del planeta, o bien un desarrollo económico y social totalmente original y creativo teniendo en cuenta las particularidades de nuestra población y nuestras riquezas naturales. La creación heroica de nuestro pueblo que defendía Mariátegui no desconoce las teorías e ideologías que acompañaron la lucha popular en la historia de la humanidad, sino más bien le exige a las mismas una lectura subjetivada, una comprensión de los mismos que incluya las particularidades de cada sociedad y que interactúe con la realidad histórica y contemporánea de cada pueblo, de cada cultura, de cada nación y de cada sujeto. Incluso fue el Amauta quien reconoció que “el dogma no es un itinerario sino una brújula que guía el camino”.

Esta cosmovisión de la que formo parte, ha quedado resagada tanto por las visiones hegemónicas de poder capitalista, como de visiones críticas que preferían buscar soluciones repitiendo “programas revolucionarios”, copiando ideas y tratando de incorporarlas a un pueblo latinoamericano que nunca pudo tomarlas como propias. Mientras el campo popular no se haga cargo de estos discursos, el programa revolucionario estático no hará más que alimentar el status quo del poder reinante. En otras palabras, como decía Foucault, en todo poder se reconoce también una resistencia que Holloway llamó antipoder. Este nunca intentaría arrebatar el poder porque perdería el sentido de su existencia como resistencia. Es por eso que el irlandés radicado en México y profesor en la Universidad de Puebla reconoce que el cambio social necesita de algo más allá del poder.

Siempre han existido grupos y movimientos que lucharon con pretensiones de poder contra esta situación pero la construcción hegemónica “desde arriba” ha impedido siempre el desarrollo de poder popular y de base. Desde la creación de Estados y fronteras a la fuerza, la implementación de partidos políticos liberales que se disputaban el poder siempre por intereses propios, hasta la persecución y matanzas de quienes se rebelasen al sistema, todo ha sido un gran aparato de perfecto funcionamiento que aisló a las sociedades, las sumió en la pobreza y las alienó por necesidades personales no resueltas imposiblitándolas de reunirse, organizarse y discutir el poder reinante. Además los aparatos ideológicos como los ejércitos, la religión y la educación siempre estuvieron presentes en la formación de personalidades y, a pesar de tener siempre rinconcitos atrincherados de espíritus críticos refugiados en su interior, todas estas estructuras fueron ayudando y consolidando la opresión.

Pero la segunda mitad del siglo XX (enbanderada en la revolución cubana) y en especial estos años de siglo XXI nos abrieron símbolos de esperanza, nos mostraron huecos por donde resquebrajar esos aparatos “perfectos”, se formaron grietas para la aparición desde las sombras de una idea propiamente latinoamericana y revolucionaria que habrá que seguir sosteniendo con la lucha popular.

Pero ese camino necesitará también de líderes y construcción de discursos que combatan la hegemonía reinante. Para ello, Internet (una herramienta del sistema) puede ser totalmente útil para el objetivo de difundir y contrarrestar el discurso dominante. A partir de su gratuidad, su fácil acceso y su independencia a la hora de opinar, un blog es una carta fuerte que debe ser utilizada por el campo popular.

En definitiva, este es un espacio creado por y para el campo popular, para que sus ideas se difundan y para quienes quieran acompañar el camino opinando sobre los posts, haciendo comentarios que hagan crecer el debate, difundiendo las publicaciones y por qué no enviando nuevas construcciones y líneas de debate.

Desde ya este blog está abierto a quienes quieran participar, desde el lado que sea y no deja de ser apenas un grano más para la lucha revolucionaria por la dignidad y la libertad de Latinoamerica, no será más que un clavo en el zapato del imperialismo pero que con su masificación y difusión puede ser una de esas astillas difíciles de sacar.

Definitivamente no nos han derrotado porque hoy seguimos luchando con la fuerza de los oprimidos!!!!!