lunes, 7 de junio de 2010

¿FELIZ DIA?

Hace casi 3 meses que no escribía nada. No es que no haya pasado nada interesante en Nuestra América que valga la pena escribir, pero bueno, muchas veces la rutina me aleja de los pensamientos que quiero compartir y encima aquellos pocos momentos de lucidez me invitan a mezclarme en debates repetitivos o que no valen la pena. Ojalá algún día aprenda eso para mi vida real, pero lo importante ahora es que un día como hoy de 1810, Mariano Moreno inauguraba el periodismo argentino con la Gazeta de Buenos Ayres, y a pesar de estar alejado de la vocación que llevo dentro mío, me parecía que en este desgastado y bastardeado rol que están ocupando mis colegas actuales, era necesario volver a escribir en homenaje a quienes, como Mariano Moreno, hicieron de nuestra vocación un ejemplo de lucha por la libertad, la dignidad y la igualdad en lo largo y ancho de nuestro querido continente.

Es que el sólo hecho de recordar cómo fue aquel cruel asesinato de Moreno en altamar me hace sospechar que si bien el dicho dice que “la historia la escriben los que ganan”, hay algunos personajes que, aunque olvidados muchas veces, hicieron todo lo posible por dar a conocer aquella Otra Historia y son ellos los que nos honran en este día a los que vimos en el periodismo una trinchera más en la lucha contrahegémonica.

Es que si bien Moreno inició una tradición bicentenaria, a pesar de que su muerte haya dejado más dudas que certezas, su lucha en vida dejó un ejemplo para otros que vinieron después. Podría ser el caso de aquel cubano hijo de españoles que relegando del mandato paterno por la milicia realista, nos regaló desde sus notas periodísticas una lucha incesante por la descolonización y el antiimperialismo. Porque si bien todos sabemos que José Martí murió en batalla sin saber empuñar un sable, también podemos conocer que lo que no supo hacer con la espada lo hizo con una pluma magistral, dejando para la posteridad un legado que se hizo carne en aquellos jóvenes del Movimiento 26 de julio que transformaron sus palabras en hechos concretos.

Como si no hubiesen alcanzado los escritos del Pepe para tanta gloria venidera, Cuba nos deja otro emblema del periodismo juvenil. Aquel que no pudo soportar la injusticia social que primaba en las universidades de la isla caribeña en las primeras décadas del siglo XX y que desde pequeño ya escribía con la fuerza de los oprimidos para remover los cimientos de un sistema que necesitaba un cambio trascendental. Según Fidel Castro, fue Julio Antonio Mella quien “hizo más en menos tiempo”, porque asesinado en el exilio con apenas 25 años y un Machete bajo el brazo, era el peligro más grande para el dictador Machado, el que más asustaba al poder de turno y el que realmente demostró que haciendo periodismo del bueno se puede hacer política, se puede expresar ideas y se puede ser independiente del poder empresarial y estatal sin tenerle miedo a la subjetividad, sin ser un falso objetivista y contando su verdad que era la verdad de los que no tenían forma de contar su verdad.

Pero si vamos a hablar de SU propia verdad, no podemos dejar de lado a quien nos enseñó que la Revolución no va a hacer ni calco ni copia, sino una creación heroica de nuestros pueblos. Otro hijo de españoles que adoptó la lucha indigenista del Perú como su fuese propia y que tenía bien en claro que el periodismo era aquella vocación de crear su propia historia, con originalidad y valentía, enfrentando a propios y ajenos por una sociedad más justa. José Carlos Mariátegui tampoco vivió una vida larga, pero ya desde los 16 deleitaba a los peruanos y latinoamericanos de aquel momento desde distintos periódicos de la época. Tuvo que crear heroicamente el periódico El Amauta para poder escribir con libertad y pasión y fue desde allí donde dejó sus mejores legados que hoy, por suerte, están más vivos que nunca en la lucha por la igualdad que lleva adelante la República Plurinacional de Bolivia comandada por el compañero Aymara Evo Morales.

Si no alcanzaran las razones para incluirlo en este homenaje a los grandes de nuestro periodismo, fue Mariátegui quien dio nombre a este humilde Blog y quien inició la historia de este sorprendente marxismo con tintes de americanidad, este marxismo que lejos de ser de raza, fue cruzado con las mejores ideas de nuestros pueblos originarios y de nuestros mestizos locales para poder encender la llama de nuevas construcciones de pensamiento que ya se convirtieron en un clásico del marxismo mundial.

Y si de interacción internacional se trata, a pesar de estar hablando de Nuestra América no podemos dejar de apropiarnos de un periodista italiano, que jamás conoció nuestras tierras, pero que justamente por tratar de comprender la lucha contrahegemonica particular de cada región tuvo que ser asesinado por uno de los fascismos más terribles que conoció la humanidad. Fue Mussollini quien tuvo que terminar con su cuerpo, pero no pudo destruir sus escritos desde la Cárcel, ni sus brillantes análisis periodísticos desde L´Ordine Nuovo. Nadie duda que Antonio Gramsci fue un grande del periodismo internacional y que puede ser considerado el más latinoamericano de los europeos.

Saltando grandes espacios de tiempo y volviendo a nuestras tierras no puedo dejar de recordar un día como hoy a Rodolfo Walsh, aquel que empezó su carrera profesional como antiperonista pero que de a poco fue descubriendo en base sus increíbles investigaciones, que tenía que dar una batalla desde su máquina de escribir. El más grande dentro del periodismo de investigación no podía faltar en esta lista de homenajes, ya que sin su mágica pluma probablemente nos hubiese sido difícil comprender lo que pasaba en nuestro país pero que nadie quería contar. Sus investigaciones, con los años se convirtieron en historias noveladas y hasta sin quererlo fue creador de un nuevo género literario, pero tanto él como sus lectores tenían bien en claro lo que significaron sus textos y lo que significó su vida para el pueblo argentino.

Su desaparición, como la de tantos otros, todavía es una herida abierta de toda nuestra sociedad, una herida que muchos intentan volver a abrir y que solo algunos pocos seguimos queriendo cicatrizar, pero no con olvido, perdón e indultos sino con Memoria, Verdad y Justicia.

No podemos hablar de heridas o de venas abiertas sin mencionar a Eduardo Galeano, otro prócer del periodismo del Río de la Plata. Tan grande como para descubrir el horizonte, aquel horizonte que nos hace caminar, que nos hace seguir luchando y que incluso en la actualidad sigue siendo un símbolo de Nuestra América. Si bien, fue más conocido por sus poesías, sus libros de historia y hasta sus cuentos de fútbol, su multifacética carrera no nos borra de la mente que su utopía comenzó como periodista.

Otro de los tantos salidos de las canteras del periodismo pero devenidos en escritor fue Osvaldo Bayer. Al igual que Galeano fue censurado y perseguido cuando la Operación Cóndor no solamente sobrevolaba el Río de la Plata, sino que flameando desde el Norte terminaba por apropiarse del poder en toda la región dejando sin escapatoria a aquellos que, como Bayer todavía buscaban respuestas en ideologías que ya no eran aceptadas por estos pagos. Desde su exilio en Francia siguió deleitando con sus textos a quienes se les permitía leerlo. Otros se quedaron con las ganas de poder leerlo y algunos más, por leerlo a escondidas todavía hoy no sabemos donde terminaron. Por suerte, luego de un exilio académico y literario grande, hoy lo tenemos de vuelta y lo disfrutamos en página 12 y aunque sus ideas no parezcan las mismas, siempre es bueno saber que lo podemos seguir disfrutando.

Una vez finalizada esa horrible oscuridad de nuestra historia, lo que le siguió no pareció iluminarse mucho más. Dos décadas de aversión por la política, de mentiras de gestión y de tecnócratas que se robaron hasta nuestras ganas de seguir luchando, nos dejaron en penumbras especialmente en el rubro “periodistas”. Muchas de las supuestas mejores plumas del país que ocupaban franja central en radios y televisiones dejaban mucho que desear y verdaderamente hacían (y algunos siguen haciendo) usufructo de una vocación que les quedaba grande técnica y moralmente. Pero entre tanta mierda (y si, digo mierda, otra palabra no encuentro para los Grondona y los Neustadt), había un tipo que inventando un nuevo estilo periodístico hacía quedar a todo ese cuasi periodismo chupamedia y neoliberal como unos payasos mediáticos. Es que desde el humor periodístico, su “Vermuth con Papa Firtas”, probablemente el trabajo de Tato Bores haya sido mucho más serio que el que nos siguen brindando hasta el día de hoy personajes como Grondona, Hadad, Longobardi, Magdalena, Nelson Castro, Luis Miguel Majul y otros que a lo único que se dedican es al GOOD SHOW.

También censurado durante un tiempo incluso en democracia, volvió en los 90 más filoso y comprometido que nunca, con una realidad en la que era tan difícil ser lo que él era, que realmente le hizo ganar un lugar entre los grandes de verdad. Yo creo que nuestra televisión contemporánea todavía lo extraña y aunque muchos quisieron imitarlo, con mayor o menor éxito, jamás de los jamases podrán igualarlo. Tato fue quizás el último gran héroe de la investigación periodística y de la ironía en la televisión.

Probablemente con el inolvidable Tato Bores debería terminar la lista, decepcionado por un periodismo más comercial que nunca, por gente que sin escrúpulos se vende al mejor postor denigrando la profesión a lo más bajo de la esclavitud y la servidumbre. Pero la honestidad brutal de este uruguayo de nacimiento y argentino por elección lo hizo ganarse el respeto de muchos, especialmente de quienes ya no confiamos en ninguna de las voces que escuchamos, ni en ninguno de los artículos que leemos.

Es que Víctor Hugo Morales dejó de lado la pelota para demostrar que tiene mucho para comentar y para enseñarles a muchos periodistas deportivos que en realidad antes que nada deberían ser PERIODISTAS. Porque VH no se olvidó de la pelota y hoy es el mejor relator y comentarista que tiene nuestro fútbol, pero además demostró que no hay que ser un jugador frustrado para hablar de fútbol y aunque se sepa de fútbol, también se puede conocer, investigar y entrometerse en los temas más candentes que tiene la sociedad. Tal vez muchos dirán que a VH no le de la talla para compararlos con los monstruos que pusimos en este homenaje, pero por ahí su humildad, su sinceridad y su respeto me permitan soñar con que todavía podemos creer en que los grandes que mencionamos anteriormente pueden volver a surgir. Por ahí este uruguayo no metió los goles que metieron otros, no ganó los campeonatos que ganaron los anteriores, pero dentro de tanta mierda (si, otra vez la palabra mierda, si alguien encuentra un sinónimo se lo agradezco) es una llamita de esperanza.

Probablemente esta nota termina siendo injusta con una cantidad de periodistas que más o menos conocidos, con más o menos éxito, intentaron hacer lo que los mencionados hicieron, pero esto no quiso ser una investigación sobre el periodismo latinoamericano, sino un simple homenaje de un “proyecto a periodista” (que vendría a ser yo) que intenta reflejarse en cada uno de estos héroes de la escritura. Desde mi humilde lugar en el que soñaba ser periodista, lo soñaba gracias a ellos, gracias a leer sus notas, sus libros, escucharlos en la radio y verlos en la TV, gracias a ellos es que todavía sueño con ser periodista.

Porque estoy harto de los títeres a los cuales llamamos periodistas, estoy harto de los que levantan las banderas de la libertad con un billete bajo el brazo, estoy harto de los que hablan de libertad de expresión y luego sacan del aire a tres periodistas por una pequeña entrevista jugosa a uno de los dueños del canal (y del país), estoy harto de ver abrazar la independencia y la objetividad desde un monopolio que obliga a todos sus voceros a defender sus intereses personales desprestigiando el periodismo, haciéndolo caer en lo más bajo.

Es por eso que mi homenaje es para cada uno de ellos. Desde el fundador Mariano Moreno hasta el humilde Víctor Hugo, pasando por el antiimperialismo de Martí a la juventud de Mella, la creación heroica de Mariátegui y la trinchera gramsciana; desde la valentía de Walsh, al anarquismo de Bayer, el romanticismo de Galeano y el humor de Tato. Por todos ellos, porque si tuviésemos más como ellos hoy realmente sería un FELIZ DIA.